¿Por qué reducir el consumo?

En el número anterior explicábamos que el consumo masivo empezó a aparecer hace cien años escasos, y que podemos hablar propiamente de sociedad de consumo desde hace apenas cincuenta. Alguien podría pensar que no acabamos de empezar a consumir y ya se nos pide que reduzcamos. ¿Por qué?

A escala histórica llevamos pocos años consumiendo de manera masiva, pero el crecimiento ha sido tan rápido que parece razonable empezar a pensar que hemos alcanzado un techo. Veamos algunos datos.

Es habitual encontrar los datos referentes a consumo en términos monetarios (dinero que nos gastamos, proporción que destinamos a los distintos conceptos, etc.). Estas cifras nos hablan de la relación entre el consumo y las economías familiares, pero no de lo que consumimos propiamente dicho; es decir, lo que gastamos del planeta.

Para hablar de esto, se propone como indicador el Requerimiento Total de Materiales (RTM), que mide la cantidad de masa forestal, producción agrícola, pescado, pastos y todo tipo de minerales usados en nuestra actividad productiva o deteriorados por ésta. Otra medida es la cantidad de energía que alimenta los procesos productivos y nuestros bienes.

En España estos indicadores se han multiplicado por 4’5 y por 5’8 respectivamente en 40 años. Un crecimiento mucho más acelerado que hasta ese momento: desde la Prehistoria hasta 1955 habíamos llegado a un RTM de 300 millones de toneladas anuales, y le hemos sumado otros 1.000 millones en sólo 40 años. No se han calculado aún datos para todo el planeta, pero la tendencia global es la misma.

Sistema insostenible
Este nivel de consumo, ¿es poco, es mucho, es demasiado? Veamos otro ilustrativo indicador, la llamada Huella Ecológica, que describe la cantidad de superficie terrestre necesaria para abastecer de forma sostenible el consumo de una persona o de un área en cuanto a materiales y energía. Se ha calculado que para abastecer el consumo mundial actual de forma sostenible necesitamos 1’2 veces la superficie de la Tierra. El diagnóstico, pues, es claro: puesto que sólo disponemos de una Tierra, estamos consumiendo, o gastando, demasiado.

¿Qué es lo que hace insostenible al sistema? Se dice que un recurso es no renovable cuando no se puede regenerar. Son no renovables todos los minerales, incluyendo el petróleo; son renovables los seres vivos, las energías solar y eólica o el agua.

  • De los recursos no renovables tenemos disponible una cierta cantidad finita. Luego, para poder disponer de ellos indefinidamente tendríamos que reintroducirlos en las cadenas productivas, es decir reciclarlos, infinitas veces. Actualmente, entre un 80% y un 90% de los materiales que usamos son no renovables, y el grado de reciclaje es muy bajo. Lo que solemos hacer cuando dejamos de utilizarlos es tirarlos (al medio o en vertederos o incineradoras), con lo cual "les perdemos la pista" y dejan de estar a nuestra disposición.

  • En cuanto a los recursos renovables, en muchos casos se explotan a un ritmo mayor que el de regeneración, de forma que tienden al agotamiento; por ejemplo, los bosques, la pesca o el agua potable. En muchos casos se explotan de una forma que estropea la "maquinaria natural" en su conjunto; por ejemplo, se usan productos químicos que contaminan los suelos o las aguas, de forma que la tierra pierde fertilidad, los vegetales y animales que integran las cadenas alimentarias enferman, etc. Así, pasan de ser materiales integrados en los ecosistemas a potenciales destructores de ecosistemas.

A parte del agotamiento de recursos, tenemos el impacto ambiental de los procesos de extracción, manufactura, distribución, uso y final de vida, generadores todos ellos de residuos y, mayoritariamente, de contaminación. Por otra parte, en nuestro mundo globalizado las distancias entre materias primas, lugares de manufactura, mercados de consumo y espacios de acumulación de residuos aumentan a gran velocidad; los requerimientos de transporte en España se multiplicaron por 25 entre 1955 y 1995. Hoy por hoy el transporte utiliza fuentes de energía no renovables, genera contaminación y requiere una gran cantidad de infraestructuras.

En resumen, forzamos la maquinaria natural a dar más de lo que puede, a la vez que le causamos "averías".

Además, lo estamos haciendo de una forma socialmente muy desigual. La extracción de recursos naturales y los procesos más contaminantes perjudican más directamente a los países del Sur (aunque a fin de cuentas el perjuicio nos alcanza a todos), que a la vez son los que menos obtienen a cambio en forma de bienes y servicios. De ahí el concepto de deuda ecológica.

Algunas soluciones parciales
Necesitamos, pues, cambiar nuestra forma de "estar en el mundo" si queremos habitarlo indefinidamente.

  • Reutilización y reciclaje. Reusar un objeto al máximo antes de darlo por "inútil" (objetos de segunda mano, retorno de envases, etc.), y, cuando no se pueda usar más, recuperar los materiales de que está hecho para reintroducirlos en las cadenas productivas. En este sentido nos queda mucho camino por recorrer, sobre todo para incentivar la reutilización por encima del reciclaje.

  • Tecnologías limpias. Fuentes de energía renovables, depuradoras para frenar la emisión de contaminantes, eliminación de materiales no biodegradables, de productos sintéticos en la agricultura y la industria alimentaria, etc. En todos esos aspectos tenemos también mucho por avanzar.

Estas y otras medidas son necesarias, pero no suficientes. La causa última de la degradación constante es el principio básico, estructural, sobre el que hemos fundamentado nuestro sistema: el crecimiento indefinido. De la producción, de los beneficios económicos, y por lo tanto del consumo.

Nuestro planeta es finito. Ni la materia ni la energía se pueden crear, y por lo tanto hay que reusarlas infinitamente. No es casualidad que los ecosistemas tengan un funcionamiento cíclico: es que es la única forma posible de supervivencia. No podrían haberse desarrollado de ninguna otra forma.

Insatisfacción permanente
Es el segundo gran inconveniente que tiene el crecimiento contínuo de la producción y el consumo.

Lo que consumimos hoy satisface la necesidad que teníamos ayer; pero para que consumamos mañana también, hoy se nos tiene que generar alguna necesidad nueva. Tanto es así que una de las piezas clave de nuestro sistema es la "creación de necesidades": idear bienes o servicios susceptibles de ser consumidos y darlos a conocer usando un lenguaje diseñado a partir del estudio de la psicología humana, de tal forma que creamos que los necesitamos o deseamos.

Ello nos lleva a tener la sensación permanente de que "nos falta algo" (la nueva moda, otro complemento para un aparato, etc.). Cuando tenemos algo que deseábamos ya estamos deseando algo más nuevo, y así en un proceso sin fin. Esta insatisfacción permanente lleva asociados otros inconvenientes:

  • Dinero. Para "saciar" nuestras crecientes "necesidades", nuestra dependencia del dinero crece y por tanto tenemos que trabajar más, endeudarnos más y aceptar condiciones laborales o dinámicas que no nos gustan e incluso que nos perjudican la salud (físicamente o por el estrés).

  • Desvalorización. Consumir mucho nos hace banalizar los objetos y sus procesos productivos, lo que nos cuesta conseguirlos, y el valor real que tienen. Hay cosas que aportan un gran valor a nuestro bienestar, pero las tenemos por insignificantes; es habitual confundir valor y precio.

  • Frustración. En no pocas ocasiones, lo que consumimos nos decepciona, ya sea porque no tiene las prestaciones publicitadas, porque su uso es engorroso y nos quita más bienestar del que nos da, o porque lo usamos poquísimas veces; ello llena nuestras casas de trastos, vacía nuestros bolsillos y nos hace sentir mal por gastar el dinero absurdamente. Hemos aumentado nuestro consumo y por tanto la dependencia pero nos hemos quedado igual de insatisfechos o más.

    De hecho, en muchas ocasiones el gancho que nos hace consumir es la promesa de satisfacción de necesidades inmateriales (cariño, identidad, autoestima, sentimiento de grupo, etc.); ¿para quién su coche es sólo un medio de transporte? En este caso la frustración está casi garantizada, puesto que la satisfacción de estas necesidades tiene que venir, al menos en su mayor parte, también del plano inmaterial (relaciones humanas y con nuestro entorno, introspección, educación en valores, etc.).

Acabar con el "siempre más"
Tanto la insostenibilidad del sistema como nuestra insatisfacción permanente tienen el origen en el "primer mandamiento" de la sociedad de consumo: el "siempre más". El "remedio" más inmediato que tenemos a nuestro alcance es consumir menos.

Consumir menos

Ventajas

  • Necesitamos menos dinero, por tanto podemos trabajar menos o escoger más entre distintos trabajos
  • Ganamos tiempo para nosotros
  • Contribuimos a la sostenibilidad del planeta y nos liberamos de la insatisfacción permanente
  • Estudiando distintas formas de consumir aprenderemos cosas nuevas sobre cómo funciona nuestro mundo
  • Hacer cosas nosotros mismos nos permite aprender habilidades y sentirnos capaces y útiles
  • Valorar más las cosas nos hace disfrutarlas más al usarlas

Dificultades

  • Cambiar de hábitos
  • Adoptar actitudes que pueden resultar "raras" en la sociedad, cuestionar cosas que se dan por incuestionables
  • Nadar a contracorriente del mimetismo social y torrentes publicitarios
  • Necesitamos informarnos y aprender sobre temas y habilidades que desconocemos
  • Dedicar más tiempo a cosas que hacíamos automáticamente (como comprar o tirar algo a la basura)
  • Valorar prioridades y redistribuir el gasto económico

Cómo hacerlo

  • Plantearnos si lo que vamos a consumir nos hace más felices y si incrementa nuestro bienestar
  • Comprar cosas de más calidad, que duren más
  • Comprar objetos reparables o con recambios
  • Controlar el consumo de energía (cuánto vamos en coche, qué temperatura tenemos en casa, ¿duchas de agua caliente de 15 minutos todos los días?, desde dónde vienen los productos que consumimos, viajes en avión…)
  • Reparar siempre que podamos
  • Hacer nosotros mismos cosas usando recursos que tengamos a mano

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