Las neveras

Hoy la nevera nos parece un aparato imprescindible, pero muchísimas generaciones han vivido sin. Antiguamente, se recogía nieve o hielo en invierno, y se guardaba durante el verano en contenedores de barro cocido o en "pozos de hielo", unas cavidades que se excavaban en sitios umbríos y boscosos. Las paredes se recubrían con roca seca y se cerraban con una cúpula. Las noches de verano, el hielo se llevaba en carros a las poblaciones, donde el "hombre del hielo" era esperado con ansia.

Igual que ocurre con muchos otros inventos, no hay una sola persona a quien se pueda atribuir la invención de la nevera. A finales del siglo XIX y principios del XX se desarrollaron en varios países aparatos que acabarían desembocando en la nevera. Las primeras neveras para uso doméstico se comercializaron a finales de los años 20.

¿Cómo enfrían, las neveras?
Cuando un líquido se evapora, absorbe calor. Por esto el agua sobre la piel nos da sensación de frescor, porque al irse evaporando "nos roba" calor. Las neveras se basan en este mismo principio de la física, pero en vez de agua usan un refrigerante que se evapora a temperatura muy baja.

En la nevera hay un circuito por donde, cuando el compresor (el motor) está en marcha, circula el refrigerante. Una parte del circuito está en el exterior, y otra en las paredes interiores. Mientras está en el serpentín interno, el refrigerante está en forma de gas. Cuando sale de la caja de la nevera va hacia el compresor, que lo calienta. Entonces circula por el serpentín externo, donde se disipa este calor; la parte trasera de las neveras es negra para ayudar a esa disipación. A medida que se enfría, el gas se licúa. El último tramo del serpentín externo, antes de entrar en la nevera, es largo y muy delgado, de forma que cuando el refrigerante líquido entra en la nevera se encuentra con una presión mucho más baja. Esto hace que se expanda y se evapore, volviendo a la forma de gas. Mientras se va evaporando va circulando por el interior de la nevera, absorbiendo el calor. Después vuelve a salir hacia el compresor, y así cíclicamente.

El primer tramo del circuito interno está en el congelador, porque al entrar en la nevera es cuando hay más líquido por evaporar, y por lo tanto es cuando se absorbe más calor (y se genera más frío). Al final del circuito interno ya casi todo el refrigerante está en forma de gas, y por lo tanto no se absorbe calor. En la nevera hay un ventilador que reparte el frío por toda la caja.

Dentro de la nevera hay un termostato que indica cuando se pone en marcha y cuando se para el motor. Los llamados combis suelen tener dos motores y dos circuitos independientes, uno para la nevera y uno para el congelador.

Para ayudar a mantener la temperatura, el armazón de la nevera se recubre con algún aislante, que suele ser una espuma insuflada (hinchada) con un gas.

Las neveras y el medio ambiente

Durante muchos años, el refrigerante que se usaba en las neveras ha estado dañando la capa de ozono, sin que fuéramos conscientes de ello. No éramos conscientes porque nadie se preguntó "donde iba a parar" una vez se liberaba a la atmósfera.
Afortunadamente, el análisis del ciclo de vida completo de cualquier producto es hoy una práctica cada vez más extendida.

El refrigerante
Cuando se empezaron a fabricar neveras, mayoritariamente se usaba como gas refrigerante butano o propano, que son hidrocarburos (derivados del petróleo). Tenían el inconveniente de que son inflamables, y por lo tanto comportaban un riesgo para la seguridad (había que poner más de un quilo en cada nevera). En 1931, el gigante de la industria química DuPont sintetizó y patentó los gases clorofluorocarbonos, más conocidos por CFCs. Tenían la ventaja de que no eran inflamables, y pasaron a ser el refrigerante más usado en las neveras y otros aparatos (por ejemplo de aire condicionado). Más adelante se descubrió que los CFCs son unos de los principales causantes del agujero en la capa de ozono, y se prohibieron a nivel mundial a partir de 1995.

En substitución de los CFCs se usan principalmente dos gases:

• R134a. Es un HFC (hidrofluorocarbono) que es poco perjudicial para la capa de ozono. Pero los HFCs han sido clasificados por el Protocolo de Kyoto como unos de los compuestos que más contribuyen al cambio climático (entre 1.000 i 3.000 veces más que el CO2). Cuando se acaba la vida útil de una nevera, el R134a se convierte en un residuo contaminante que se tiene que tratar de manera específica.
• R600a. Es un isobutano inflamable, pero la tecnología actual permite usar muy poco, de manera que tener una nevera con R600a es tan peligroso como tener un par de mecheros en casa. El R600a se puede dejar escapar a la atmósfera sin causar ningún daño, y por lo tanto reduce el coste del desguace de las neveras.

En la tienda no es fácil saber qué refrigerante lleva una nevera. En la etiqueta de la puerta no lo dice, y los vendedores no lo suelen saber. Para averiguarlo tenemos que abrir la puerta, buscar un adhesivo en la pared (generalmente de color plateado, a veces tras los cajones inferiores) y buscar el nombre de uno de los gases (escondido entre un montón de otros datos técnicos, pocas veces va acompañado de la palabra "refrigerante").

Uno de los vendedores a quien preguntamos por el gas refrigerante que usaba una nevera nos respondió: "¿Gas? ¡La nevera es eléctrica!"

Usar uno u otro refrigerante, a falta de una legislación que establezca algo al respecto, es cuestión de voluntad del fabricante (la diferencia de coste no es significativa). Probablemente también tenga alguna cosa que ver la presión recibida por parte de los fabricantes de R134a. Algunas empresas usan, en un mismo modelo de nevera, un gas u otro en función del mercado de destino: R134a para países latinos, América y Asia, R600a para Centroeuropa.

Ver el apartado dedicado a los fabricantes de neveras en las páginas siguientes.

El aislamiento
Las primeras neveras que se hicieron estaban envueltas por paneles de vacío que reducían la transmisión de temperatura entre la nevera y el exterior. A partir de los años 1950 se empezaron a usar las espumas de poliuretano, insufladas con un gas CFC, para aislar la nevera. A principios de los años 90 se pasó a usar mayoritariamente R141b, un HCFC (hidroclorofluorocarbono), patentado también por DuPont. Este gas también perjudica la capa de ozono y contribuye al calentamiento global.

Paralelamente, empresas, científicos y organizaciones interesadas en una alternativa no perjudicial propusieron usar el ciclopentano, un hidrocarburo inocuo. Hoy, prácticamente todas las neveras que hay en el mercado usan ciclopentano (algunas marcas estadounidenses siguen llevando un HCFC).

Últimamente, algunas empresas centroeuropeas han recuperado la técnica de usar un panel de vacío de acero inoxidable para aislar la nevera.

La eficiencia energética
Alrededor de un 25% del consumo eléctrico de una vivienda es atribuible a la nevera. A lo largo de su vida, una nevera puede gastar en electricidad el doble de su precio de compra.

En la Unión Europea la eficiencia energética de una nevera se mide en función de la electricidad que consume en comparación con el consumo medio de una nevera europea de tamaño y tipo comparables. Hay tres niveles de eficiencia admitidos para las neveras que se venden en Europa: A (el mejor), B y C (el peor). Para los congeladores se admiten también los niveles D, E, F y G, que corresponden a eficiencias inferiores. Estos niveles no son absolutos, es decir: un congelador con nivel A puede consumir más que una nevera con nivel A. Es obligatorio que en las neveras expuestas en los comercios haya un adhesivo indicando el nivel de eficiencia energética (y otros parámetros técnicos).

Estos niveles se establecieron en 1994 (de hecho, también se definieron niveles inferiores, pero se prohibieron en 1999). Desde entonces la tecnología ha permitido reducir mucho el consumo de las neveras. Como se prevé que se tardará aún algunos años en revisar la normativa de etiquetado, se ha creado el distintivo Energy+, que se otorga a las neveras que tienen más eficiencia que las de nivel A. Energy+ es un proyecto en el que participan unas cien entidades, entre las cuales hay comercios e instituciones que se comprometen a comprar las neveras cuando éstas reciban el distintivo. La evaluación la hace un laboratorio con autoridad reconocida en el sector. Actualmente hay 78 modelos de nevera calificados como Energy+ (ver la tabla de marcas en las páginas siguientes); muchas de ellas consumen incluso menos de lo requerido por el distintivo.

La eficiencia energética de una nevera depende del motor, del aislamiento, del diseño, y también del refrigerante que se use. Una misma nevera consume menos con R600a que con R134a.

La longevidad
La garantía que nos ofrecen al comprar una nevera es distinta para cada marca y modelo. Suele haber un periodo que incluye toda la nevera, y otros que cubren algunas partes. El motor suele ser lo que tiene una garantía más larga. Dentro de las marcas de un mismo fabricante, las diferencias en el tiempo de garantía son indicadores de distintos grados de calidad. Con la tecnología actual, una nevera puede funcionar bien durante 10 años fácilmente.

Las neveras de segunda mano consumen mucho más que una nueva: al cabo de pocos meses de tenerla podemos haber pagado en electricidad más de lo que nos habría costado la nueva, y además mientras tanto habremos estado consumiendo más energía. Por otro lado, fabricar una nevera nueva tiene un coste energético, de materiales y de recursos humanos. Es difícil dilucidar hacia qué lado se inclina la balanza.

Las neveras viejas
En Cataluña, las neveras en desuso (unas 55.000 al año) se tratan en una planta en Pont de Vilomara (Barcelona), donde se separan los distintos materiales (hierro, aluminio, acero inoxidable, cobre, plástico, aceites, espuma aislante y refrigerante). Todos se reciclan excepto la espuma aislante, que se lleva a un vertedero específico. Los CFCs (todas las fabricadas antes de 1995 contienen), HCFCs y HFCs se tienen que llevar a una planta en Francia, donde son incinerados.

La mayoría de tiendas retiran la nevera vieja cuando traen la nueva. Si no lo hacen tenemos que llevarla a un punto de recogida.

Regulaciones medioambientales


Sobre los HCFCs
La legislación europea actual establece que la fabricación de HCFCs se tiene que ir reduciendo progresivamente, y que no se podrán producir a partir de 2026.

Sobre los HFCs
Según el Protocolo de Kyoto, entre 2008 y 2012 la Unión Europea tiene que haber reducido la emisión de gases de efecto invernadero hasta un 8% por debajo del nivel de emisiones de 1990. El Protocolo señala los HFCs como unos de los compuestos que mayor potencial tienen de calentamiento del planeta.

El último documento de la UE que habla de los HFCs es de abril del 1999, y consiste en una "evaluación preliminar de las alternativas y costes de controlar [los HFCs], y también de los impedimentos para implementar políticas de reducción de estos gases". El documento enuncia posibles medidas a tomar, pero no habla de tomar ninguna. También reconoce que los datos de emisiones de que dispone y las estimaciones de costes que hace son muy poco precisos.

La etiqueta ecológica europea
Las condiciones que tiene que reunir una nevera para recibir la etiqueta ecológica europea (Ecolabel), que otorga la Unión Europea, son las siguientes:

• El nivel de eficiencia energética ha de ser superior al que se etiqueta con la letra A.
• Ni el refrigerante ni el gas para la espuma aislante pueden dañar la capa de ozono ni contribuir al cambio climático.
• No pueden haber retardantes de llama.
• El ruido tiene que ser inferior a 42 dB.
• Tiene que estar diseñada para que sea fácil desguazarla y reciclarla.
• Debe adjuntar instrucciones para un uso mediambientalmente adecuado.
• Tiene que ofrecer una política de recogida para cuando deje de ser útil.

Además, el fabricante debería ofrecer una garantía de tres años, y asegurar disponibilidad de piezas de recambio hasta 12 años después de haber dejado de fabricarla.

Actualmente sólo tienen el Ecolabel la marca danesa Vestfrost y un modelo de LG. Ninguna de ellas está en el mercado español.

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